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domingo, 10 de octubre de 2010

"El docente debe sentir la pasión por comunicar"

Entrevista a Adrián Paenza, profesor, investigador y periodista

"El docente debe sentir la pasión por comunicar"
En diálogo con EducaRed Argentina, Adrián Paenza analizó algunos problemas ligados a la inclusión digital en el ámbito educativo y se refirió, entre otros temas, a las condiciones que debería reunir el docente como guía y motivador: "sentir la pasión por tratar de comunicar, sobre todo de descubrir qué es lo que está pensando el otro”.

Adrián Paenza es licenciado y doctor en ciencias matemáticas por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y periodista. Conduce del programa «Científicos Industria Argentina», galardonado nuevamente este año con el Premio Martín Fierro, y «Alterados por Pi» del Canal Encuentro. Trabajó en las radios más importantes del país y en los cinco canales de aire de la Argentina. Fue redactor especial de varias revistas y colabora con tres diarios nacionales: Clarín, Página 12 y La Nación. Entre muchas distinciones, obtuvo el Premio Konex en la categoría Periodismo Deportivo Audiovisual en 1997.

EducaRed: La inclusión de las nuevas tecnologías se ha transformado en un nuevo desafío para las instituciones educativas. ¿Con qué criterios deberían incorporarse las herramientas y entornos digitales en la enseñanza, particularmente, de las matemáticas?

Adrián Paenza: Todo esto que es aparentemente nuevo, lo es para los docentes, no para los chicos. Los chicos han vivido siempre, en los últimos 20 años, en la era digital. Ellos no conocieron los discos de vinilo, y casi no vieron los tapes de audio. Ni siquiera los han usado; el CD va a desaparecer rápido porque será reemplazado por el mp3, las cámaras de foto digitales… Todo es vertiginoso. Hoy se sacan fotos con el celular. Todo este advenimiento de cosas es más problemático para los que tenemos la edad que tengo yo, -60 años- que para los chicos.
Ellos lo viven con una naturalidad. La televisión, el celular, las comunicaciones vía satélite. El problema lo tenemos nosotros… Hay que capacitar a los mayores, primero porque nos hemos formado de una manera distinta. Tenemos siempre una dependencia por lo que nos es más cómodo. Ni siquiera hablo de los resultados. Depende de cuáles sean las áreas en las que se busque, los resultados han sido de variado éxito. En la matemática, por ejemplo, ha sido muy pobre. Todo lo que hemos utilizado los docentes hasta acá para hacer difusión de la matemática no ha surtido efecto, ha sido realmente un fracaso y no solamente en la Argentina. En muchos lugares del mundo hay un problema equivalente.

ER: Desde su perspectiva, ¿cuáles son los principales aportes que la inclusión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación pueden hacer a los procesos de enseñanza?

AP: Es que ni siquiera es una opción. Esto pasa independientemente de lo que nosotros discutamos. Hay chicos que son los que tienen acceso a las computadoras, a Internet, que se comunican vía satélite. Si bien esto está cada vez más masificado, también es cierto que hay lugares de la Argentina que no tienen luz, no tienen agua potable, están ajenos a todo. Entonces siempre hay que ser muy cuidadosos, porque si no estamos legislando para un grupo de privilegiados. Todavía el país tiene una deuda interna muy grande con sus jóvenes y con sus chicos, con sus ciudadanos. Todavía hay una cantidad de derechos humanos que no han sido cubiertos por el Estado. Entonces unas vez dicho esto, suponiendo que los chicos estuvieran conectados…ellos van a usar los medios de que disponen, independientemente de lo que nosotros queramos. O sea, usted les puede proponer que ellos hagan un trabajo de cualquier tipo y ellos van a ir a Internet porque es natural, lo consultarán, casi inexorablemente.

ER: Cómo ubica a la Argentina, en comparación con otros países, respecto del acceso y utilización de nuevas tecnologías en los procesos educativos?

AP: Eso es también muy variable, porque en la Argentina, como en todos los países del mundo, hay una división que tiene que ver con el poder adquisitivo. Las personas que tenemos trabajo, dinero en el bolsillo, acceso a las computadoras, a la conectividad, a la comunicación…somos ciertamente privilegiadas. Entonces desde ese lugar no es lo mismo asistir a una escuela en la Capital Federal que a una escuela de frontera en Salta. Las dos forman parte de la Argentina, sin embargo yo no podría decir que la expectativa es la misma, simplemente porque no son condiciones iguales. Como decía, todavía el país tiene una deuda interna para poder darles a los chicos las mismas posibilidades. La educación tiene que ser pública, gratuita, obligatoria, laica. Todas estas cosas tienen que ser comprendidas por la sociedad, y defendidas como uno de los principios básicos para poder evolucionar. Después, una vez que está garantizado eso, después hay que educar a los maestros, a los profesores, para lo cual hay que pagarles de manera razonable, junto con los médicos, deberían ser motivo de cuidado. Entonces hay que prepararlos y entrenarlos. Abordar el tema por el lado de los chicos, aunque no esté mal, creo que es establecer una inadecuada tabla de prioridades. Las prioridades deberían estar al revés.

ER: Usted daría prioridad a la formación docente, en todos los niveles…

AP: Sí, no tengo la menor duda. Hay lugares como en Finlandia donde todos los maestros son egresados universitarios. Pero también hay una dedicación del Estado para poder pagar semejante cosa. Alguien tiene que garantizar el premio a ese esfuerzo.

ER: ¿Qué condiciones debería reunir el docente como guía y motivador de las innovaciones en la escuela primaria y secundaria?

AP: En primer lugar, sentir la pasión por tratar de comunicar, sobre todo de descubrir qué es lo que está pensando el otro. Como guía buscar cuáles son los problemas que hay. Enseñar dando respuestas a preguntas que la gente no se hizo, siempre es muy aburrido. Encontrar cuáles son las preguntas, es la manera de enseñar para mí. Si la tarea del docente se reduce a dar respuestas, se configura un trabajo muy incompleto y posiblemente estéril en alguna parte. Porque para poder dar respuestas es indispensable encontrar a un grupo de personas que quiera hacer las preguntas. Uno no encuentra la solución a un problema que no tiene. Así la vida no funciona, sino al revés: uno tiene un problema y entonces busca la solución. Esto vale para todos los niveles: primario, secundario, en la vida, como padre, como maestro, como amigo. Ir avanzando en la vida, descubriendo desafíos y a partir de ellos, pensar cómo resolverlos. Y esa es la manera de avanzar, es mucho más difícil educar así, pero es la manera.

ER: En definitiva, aprender con los alumnos.

AP: Aprender a darse cuenta que uno no tiene todas las respuestas, que se es falible, que de la prueba y el error es de donde sale la solución. Y que si uno no la puede encontrar, tampoco es peor persona por eso. Hay una cantidad de matices, que tienen que ver también desde un punto de vista psicológico, con el abordaje que se produce en cada una de las situaciones, aprender a decir, no sé, necesito pensar, a convivir con la frustración, todo esto tiene una cantidad de componentes que exceden el marco de una respuesta rápida que pueda darse.

ER: ¿Dónde residen, en su opinión, las razones de las grandes dificultades que se observan en el aprendizaje de la matemática en la escolaridad básica? ¿Son curriculares, metodológicas o de la formación docente?

AP: Dar una respuesta a eso sería dar una respuesta universal y cada caso hay que contemplarlo en forma particular. Yo creo que lo que se enseña en general son cosas que estaban bien que se enseñaran hace muchos años, pero no ahora. El rechazo que existe es un rechazo natural, es una muestra de salud que tienen los jóvenes, aunque puedo ser injusto al generalizar. Pero en principio, en vista de los resultados, más allá de lo que yo pueda opinar, la frustración existe. No hay nada que un adulto rechace más en su vida promedio, dentro del colegio que la matemática; y entonces no puede ser que el problema sea la gente, el problema es lo que se enseña. Es razonable que suceda. Y además, como digo en otras partes, en lugar de atacar a la gente y pensar que el problema son los alumnos, en este caso es más fácil y más razonable pensar que lo que nos están contando es a lo mejor inadecuado, que no nos contesta ninguna pregunta que tengamos. Una persona que tiene que pasar por el proceso de aprendizaje, está dispuesto a tolerar ciertos momentos incómodos en su vida si sabe que después, en el final del camino, encuentra algo que valga la pena. Con la matemática eso no se ve.

ER: ¿Cómo definiría el panorama del desarrollo científico actual en la Argentina?

AP: La Argentina es un país que produce ciencia de excelencia desde hace muchos años. También, depende mucho de cuál sea el área de la que se trate. Sobre todo porque hay algunas que no conozco, pero sé que hay trabajos en astronomía, en matemática, en física, en biología, en química, en bioquímica… Hay físicos como Juan Maldacena, Matías Zaldarriaga, Oscar Bruno como matemático, Luis Cafarelli, Alberto Kornblihtt, Fernando Parodi, Juan Pablo Paz; hay muchos destacados, Galo Soler Illia en nanotecnología… Podría hacer una lista enorme de gente que trabaja y que produce en distintas partes del mundo y también en la Argentina. Son científicos realmente muy capacitados y todos son producto de las universidades públicas, esto es lo mágico que todavía conserva el país.

ER: Sus libros sobre la enseñanza de las matemáticas han sido muy bien recibidos entre los lectores adultos. ¿Cómo interpreta esa gran aceptación? ¿Cuál es su evaluación respecto del impacto en el público adolescente?

AP: Nunca adiviné que los libros iban a tener esta recepción…Además no contienen pensamientos míos, descubrimientos míos. Se trata de un resumen de cosas que cualquier joven que haya estado en alguna institución universitaria, en algún departamento de matemática, o de física, o de computación, posiblemente sepa, o haya escuchado la mayoría de las historias, es decir, no son producto de mi imaginación. Lo que pasó es que quizás había un hueco, una necesidad, que fue cubierta por los libros. Sirvieron para mostrar que se podía hacer matemática recreativa, que la percepción que la gente tiene de la matemática es equivocada y en ese sentido fue posible exhibir que hay otra cosa que se llama matemática que puede ser entretenida, agradable y que uno puede coexistir con eso y hasta divertirse. Yo no tengo ningún merito más que, en todo caso que el que tuvieron las personas que me sugirieron que escriba. Yo no creí que esto iba a pasar…me sorprendí tanto como los editores, como el director de la colección. Me cambiaron la vida los libros, claramente.

Fuente: http://www.educared.org.ar/biblioteca/dialogos/entrevistas/entrevista_apaenza.asp
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