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sábado, 29 de agosto de 2009

DIDÁCTICA DE LA NARRACIÓN

DIDÁCTICA DE LA NARRACIÓN
Pastoriza de Etchevarne, Dora. “El Arte de Narrar, un oficio olvidado”.
Editorial Guadalupe. Bs As. Tercera Edición. 1975
El Narrador – Condiciones
El oficio del narrador tiene por finalidad, alegrar el corazón de los hombres.
Nos preguntamos ¿Qué condiciones debe reunir quién debe aprender este oficio?, ¿hay exigencias de edad, de carácter, de voz?.
Cualquier persona puede ser un excelente narrador. Las condiciones necesarias son:
ü Amor al prójimo
ü Don de la simpatía
ü Un total olvido de si mismo
ü Actitud de humildad interior del narrador
“Es probable que en ninguna profesión sea tan peligrosa la enfermedad de la vanidad como en el actor”
“Esa enfermedad lo corroe por dentro, penetra en cada entonación, en cada ademán, destruye la sinceridad y, en esencia, la cualidad fundamental que debe tener el actor: la cualidad de ser sincero”. Obraztov Sergei
La clave de la serenidad
Existen otras que gravitan en el éxito de la narración:
ü Sencillez de la vestimenta
ü Importancia de sujetarse el cabello
ü El ademán debe solo usarse en función del cuento
ü Poseer buena memoria, para recordar la línea argumental de todos los cuentos y de estribillos o canciones que deben repetirse fielmente.
Esto no significa que se deba decir un cuento de memoria, el narrador es también un creador, es posible re-crear el cuento sin tergiversar su argumento.
Es importante tener una voz flexible, llena de matices. Modulación y dicción son aspectos básicos que el narrador debe cuidar, ya que contribuyen a la claridad del relato y a su comprensión y goce.
Saber bien el cuento es la clave de la serenidad, pues es importante no solo para narrar sino también para sortear diferentes situaciones que puedan presentarse; como la intervención de los niños, interrupción por la entrada ruidosa de alguna persona o alguna ventana que se golpea, etc.
El exceso de timidez dificulta la narración, esto se vence narrando.
El temor al ridículo; existe el criterio de que narrar delante de los chicos es más fácil, y por ende se teme exponerse al ridículo frente a las compañeras de clase u otros adultos, en cuanto seamos capaces de prescindir de nosotros mismos y entregarnos a vivenciar el cuento, para goce de los demás, toda inhibición desaparece y podemos realizar el juego.
Es fundamental, que para los que escuchan el cuento lo disfruten, el narrador debe gozar el cuento pues no se puede transmitir lo que no se siente.
Como todo aprendizaje la narración exige ensayos antes de actuar ante un público desconocido, es preferible narrar primero ante adultos en el curso y luego ante el público infantil.




Condiciones del cuento a narrarse

Las condiciones del cuento a narrarse deben estar supeditadas a las características del auditorio. En primer lugar la edad de los oyentes y como condición primordial, que contenga valores éticos y estéticos.

Martha Salotti dijo, que el cuento para niños pequeños debe ser “de aire “, en el sentido refrescante de transparencia y levedad. Ello implica asimismo brevedad, sencillez, ternura, gracia y belleza.
Brevedad: Hay que tener en cuenta que el tiempo de atención de los niños cuanto más pequeños es más breve, y la complejidad del argumento hace más difícil o imposible su comprensión.
La sencillez, está determinada no solo por la línea argumental simple y por la brevedad, sino también por el vocabulario empleado, tanto en lo que se refiere al significado de las palabras como al moderado uso de comparaciones y adjetivos. Y ya que aludimos a valores estéticos, recordemos que preferimos los cuentos en los cuales la belleza emana no tanto por las descripciones por más hermosas que éstas sean, sino de las circunstancias que sacuden a los protagonistas. Es importante que el relato contenga ternura, porque esta crea el clima propicio para que la imagen poética surja en la conciencia “como un producto directo del corazón”.
Con respecto al significado de las palabras ; éstas deberán referirse a objetos familiares y conocidos por el niño ( familia, animales, golosinas, vestimenta, juguetes, alimentos, etc.); aunque esto no implica el uso de nuevos términos, cuya explicación se dará enseguida, a manera de aclaración, pero sin detenerse.
En cuanto a la repetición del nombre, es importante en el cuento para el Jardín de Infantes repetir los nombres tantas veces como sea necesario para ayudar a la comprensión del relato, pues si lo reemplazamos por el pronombre, el niño puede sentirse perdido; por ejemplo si estamos hablando de la mamá, o de un perrito y de pronto decimos: “ella tomó la muñeca y ...”; o bien: “Entonces él se detuvo, miró al gato y ...”; el niño puede no saber que hemos seguido refiriendo a la mamá o al perrito; ese ella o él, nada le dicen y en cambio lo desorientan.
También asignamos mucha importancia a la onomatopeya, que se utilizará como recreación para narrar.
Con referencia al estilo, el estilo directo otorga mayor vigor al relato, torna más reales las situaciones y más vivos los personajes.
Hasta el punto que en ocasiones, al decir: “¿Qué traes ahí hijo mío?”, los chicos se han dado vuelta para ver al “hijo mío”, al que parece estar mirando la narradora.
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